En entrevista para el programa Huellas, de la emisora Magis 98.3 FM, realizada el pasado 8 de junio, la joven Angie Mariel Valdez Jorge afirmó que haber estudiado en la referida academia “fue la mejor decisión” que ha tomado en su vida, debido a la disciplina con la que se manejan todos los procesos, así como al esmero de los docentes en contribuir al buen aprendizaje de los alumnos.
Valdez Jorge se graduó en el año 2019 como licenciada en Educación Básica, Segundo Ciclo, con especialidad en Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza, formada en el programa auspiciado por el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (Isfodosu) y desarrollado en el Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola.
A continuación, les compartimos la entrevista realizada por el periodista Julio Pernús a la joven egresada.
Angie, ¿cómo llega a ti ese deseo de estudiar aquí en Loyola? ¿Cómo fue ese proceso?
Bueno, primero tengo que contar una pequeña anécdota. Yo no tenía interés de estudiar Educación y siempre soñaba con la Ingeniería; de hecho, comencé a estudiarla, pero a medida que iba pasando el tiempo notaba que no era lo que me llenaba. Un día, una tía me comentó sobre la beca que estaban ofreciendo aquí en la Institución, ese día salía yo de un curso de secretariado que estaba realizando y decidí entrar a buscar información. Recuerdo que la secretaria me dijo: “Bueno, ya el programa cierra hoy, si tú quieres, tienes que llenar el formulario en línea para ver si puedes”. Yo había escuchado que Loyola era una institución de prestigio, entré con mucho temor, pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que fue la mejor decisión que tomé en mi vida.
Cuéntanos un poco de la experiencia Loyola. Una vez que rompes ese hielo y vences ese temor, ¿cómo era el ambiente en ese tiempo?
Al principio fue muy difícil acostumbrarme al modo de proceder aquí. Sí puedo decir que la forma en que se nos enseñaba era un poquito estricta, pero a veces, cuando uno es muy joven, no entiende. Todos los maestros que me dieron clases procuraban que existiera en los estudiantes un grado de responsabilidad y que todo lo que uno hiciera se realizara con amor y dedicación. Entiendo que la forma en que se trabaja aquí fue primordial para mi formación, incluso hasta hoy. En esos años yo decía: “Bueno, Señor, si tú no me ayudas, no sé cómo voy a seguir”, pero de verdad que añoro esos tiempos: cómo uno se involucraba y cómo los maestros se preocupaban por nosotros, algo que no se ve en todos los lugares. Profesores que siempre están encima de ti, diciéndote cómo puedes hacer las cosas, que te dan opciones; y de verdad que eso, hasta el día de hoy, es lo que me ha ayudado en lo que hago actualmente como maestra.
Angie, hay algo que siempre les preguntamos a los invitados: ¿algún maestro que te haya marcado por la forma en que te enseñó o se comportó en el aula?
A muchos maestros les agradezco con todo el corazón y doy muchas gracias a Dios, pero tengo que mencionar a uno en específico: el señor Freddy García. Creo que es uno de los más populares. ¿Por qué Freddy? Freddy vio algo en mí que yo no veía y siempre me decía: “Tú eres una líder innata y tienes que potenciar eso”. Una frase que siempre me repetía cuando yo no cumplía como debía era: “Angie, nunca bajes, siempre sube”. Freddy siempre buscaba la forma de que uno pudiera sacar a flote ese potencial, siempre vivía motivándonos, diciéndonos que podíamos lograrlo. En las actividades, él siempre me involucraba, y esa es una de las cosas que me ha ayudado como persona, tanto a nivel profesional como personal.
Oye, Angie, ¿alguna anécdota que hayas vivido en esos tiempos?
Me llega a la mente una. Fue un día en que el padre fue a nuestro salón de clases. Nuestra aula quedaba debajo de su oficina y ese día estábamos muy eufóricos, haciendo bulla, cantando, en fin, cosas de la edad. Él subió a llamarnos la atención. Recuerdo algo que nos dijo: “Ustedes son maestros, y con el hecho de estar aquí y estudiar aquí, ya tienen que comportarse como maestros”. Y eso comienza desde la forma en que te vistes, cómo hablas, cómo te comportas, qué dices y qué haces. Recuerdo que ese día le dijo a un compañero: “Usted tiene que ponerse medias, porque las medias no son de lujo, son de estética”. Eso le cambió la vida, porque a partir de ahí dio un cambio. A veces uno piensa que cuando nos corrigen es para molestarnos, pero no es así, es una forma de despertar y hacer los cambios necesarios en nuestra vida, porque nuestra visión del futuro era un poco limitada.
Ya has comentado de ese compañero, pero ¿hay alguno con quien mantengas amistad? ¿Algún grupo que quieras recordar?
Mira, el grupo de nosotros, que éramos 29, todos nos mantenemos en contacto, de hecho, algunos somos compañeros actualmente. Está Saoni, Junior, Natalie, que trabajan aquí en Loyola, y con los demás siempre vivimos en comunicación, porque, de una forma u otra, aunque trabajemos en diferentes instituciones, buscamos la forma de colaborar en estrategias o actividades.
Hay una frase que se utiliza en Loyola: “Loyola vive en ti”. ¿Qué cosas de Loyola se han mantenido en ti a pesar del tiempo?
Yo entiendo que el amor a Dios. Sé que muchas personas, cuando escuchan de Loyola, piensan en excelencia o calidad, pero yo voy un poquito más allá: esta institución camina arraigada en Dios. Cuando una institución camina con Dios, todo lo demás viene por añadidura. De todo lo que he aprendido, puedo decir que me quedo con ese amor por Dios que en Loyola se incentiva, así como con ese modo de proceder: ser excelente y aspirar siempre a más.
¿Qué has seguido haciendo después de Loyola?
Luego de graduarme, obtuve una beca para estudiar una maestría en Biología. Actualmente estoy en espera de graduación, ya presenté mi tesis, basada en el Parque Ecológico de Las Caobas, aquí en San Cristóbal, donde pude observar y estudiar la diversidad de especies del lugar. También estoy realizando otra maestría en Tecnología Educativa, en proceso de culminación de tesis. Mi investigación la desarrollo en la Escuela Básica "Padre Silvio González", donde trabajo con metodologías activas, un concepto que me apasiona y que conocí en el Diplomado de Pedagogía Ignaciana que brinda esta institución, así como en otras capacitaciones.
¿Quiénes te acompañaron desde tu hogar para lograr estos sueños?
Mi mamá, que siempre estuvo ahí, apoyándome, diciéndome: “Tú eres, tú puedes, hazlo”. Ver cómo se sentía orgullosa de cada logro mío era lo que más me motivaba.
Mi mamá falleció en 2021. A partir de ahí mi vida cambió, pero ese legado que ella dejó en mí, su forma de educarme y su orgullo, es lo que me ha ayudado a mantenerme y a seguir estudiando.
Si pudieras decirle algo a esa Angie indecisa que iba a entrar a Loyola, ¿qué le dirías?
Le diría —y siempre me lo repito— que el miedo no conduce a nada. Siempre hay que arriesgarse, porque cuando Dios pone algo en tu corazón, aunque te llenes de dudas, Él te dará las herramientas para seguir adelante.