Por Julio Pernús
Durante la entrevista le comento al doctor Carlos Pereira si conoce el principio del papa Francisco que habla de que el tiempo es superior al espacio, me dice que no, pero al explicarle qué significa que la vida va más de procesos, sembrar las semilla y trabajar con constancia en su florecimiento –el tiempo– que de ocupar espacios de poder y dirección, reconoce de forma pragmática que él ha vivido así la oportunidad de ser, por más de 15 años, director de la Facultad de Ingeniería del Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola (IEESL). Ahora que deja ese cargo por otros compromisos académicos, por primera vez, estructuramos nuestras conversaciones con una guía, porque nunca hemos hablado con el perfil profesional de preguntas y respuesta, pero hoy, ambos asumimos el protocolo, pues Pereira pertenece a la historia de una parte significativa de la Institución.
JP- ¿En qué momento y bajo qué contexto asumes la dirección de la Facultad de Ingeniería?
Carlos- Para contestar haré algo de memoria. La Institución, desde el principio de este siglo, asumió cambios estructurales; para el año 2008 fue la reclasificación de un Instituto Técnico Superior que fue Loyola desde 1989, a un Instituto Especializado de nivel superior, lo que hoy conocemos como IEESL. Eso le valió para ofrecer títulos a nivel de grado y en ese contexto se definió una estructura académica bajo la cual ingresé en la coordinación de la carrera de Ingeniería Industrial a partir del primer cuatrimestre en que se ofreció formalmente la oferta de Ingeniería Industrial en 2009. Cuando esa estructura se fue ampliando y desarrollando, nos propusieron asumir el cargo de director de la Escuela de Ingeniería, hoy Facultad de Ingeniería.
JP- ¿Quién favorece tu nombramiento en esta posición?
Carlos- Es interesante mi llegada a ese puesto. Yo estudié en Loyola cuando ya existían los tecnólogos como Instituto Técnico Superior separados del Nivel Secundario porque, hasta hacía un tiempo, era una oferta que se tenía combinada con la enseñanza secundaria. Y eso fue para el año 2007. En medio de esas transformaciones una persona amiga me sugirió que yo podía aplicar como docente, que entendía que yo podía contribuir. Y cuando lo envió mi CV al vicerrector de entonces, Marino Brito, que había sido mi profesor, me contactó y me dijo: “Carlos, estamos en este proceso de reclasificación, vamos a esperar a que se materialice". Cuando se dio la aprobación, me contactaron para, como te decía, la parte de la coordinación de Ingeniería Industrial.
JP- ¿Cómo describirías la evolución del IEESL desde que asumiste funciones hasta la actualidad?
Carlos- El proceso fue creciendo como una semillita, porque evidentemente representó un cambio, pero con mucha historia detrás. La Institución evolucionó en 2008-2009 sobre una base bien fuerte que venía desde su fundación en el año 1952. Ya que los programas de tecnólogo que tuvimos desde 1989 hasta 2006, combinado con bachillerato, eran el mismo esquema y ofertas muy parecidas a los peritos técnicos que se tuvieron desde el origen del IEESL. Es decir que, aunque fue un inicio, fue un inicio sobre una base fuerte. Y, por tanto, hubo muchos cambios porque toda la Institución estaba orientada a una formación de tiempo completo, con estudiantes de tiempo completo, con docentes de tiempo completo. En 2009 pasó a tener una oferta tipo universitaria, con estudiantes y docentes itinerantes, con horarios variados, fundamentados en la noche. Eso implicó los primeros esfuerzos de cambios estructurales precedidos por el cambio organizacional. Puertas que no se abrían o que se cerraban a una hora temprano de la tarde y que no estaban disponibles para los estudiantes universitarios. Eso se fue transformando. Servicios que no existían, que no estaban dispuestos y se fueron creando. Espacios, infraestructuras que no existían y se abrieron para responder a las necesidades que íbamos viendo.
Inicialmente se aprobó esa reclasificación con las carreras de Ingeniería Industrial y Redes y Telecomunicaciones, pero ya, para enero de 2011, se comenzó a ofertar las carreras de Agroempresarial e Ingeniería Eléctrica, completando las cuatro ingenierías que hasta el momento tenemos. Más adelante logramos aprobación para otras ofertas a nivel de técnico en lo que se volvieron a tener esos apreciados graduandos del nivel técnico superior.

JP- Como director ha sido todo un desafío para ti poder ir asumiendo estos cambios. ¿Cuáles son los resultados más sobresalientes que has visto en ese proceso?
Carlos- Por ahí anda un video institucional que habla de que el Loyola es lo que es por sus egresados. Por lo que sus egresados han hecho. Entonces, el resultado siempre de una institución educativa hay que verlo en función de sus graduandos. En la próxima graduación que tenga la Institución, a finales de este año 2026, ya se completarán más de 1500 egresados entre ingenieros y tecnólogos, desde aquel 2010 donde tuvimos una graduación especial de tecnólogos llevamos unos 1200 ingenieros, unos 300 y tanto de tecnólogos. En ese lapso de tiempo, en esas 10 carreras, 4 a nivel de ingeniería y 6 de tecnólogos, las estadísticas e investigaciones que normalmente hace la Institución colocan más de un 90% de los egresados colocados en sus áreas de trabajo.
Estamos hablando de 1400 y tantos que podemos asegurar que están en los parques industriales, en las empresas de telecomunicaciones, en las empresas agropecuarias, tanto financieras del área agropecuaria como de producción. Es decir, que es notable el impacto del IEESL para una provincia como San Cristóbal que, aunque es de las más grandes del país, tiene sus limitaciones. Por eso me gusta resaltar que el conglomerado de graduandos en su mayoría son pobladores de San Cristóbal, aunque evidentemente también tenemos estudiantes de todo el país, pero el porcentaje fundamental, más del 75%, es de la provincia, esto es un impacto trascendente. Cuando alguien se mueve, por ejemplo, por el parque de Itabo, que es el parque industrial más importante de toda la región, el posicionamiento de los estudiantes nuestros a nivel superior es bastante fuerte.
Te pongo el ejemplo de una empresa que nos dijeron en una visita: “miren, nosotros tuvimos unas rondas con inversionistas, y una de las cosas que les dijimos con la que contábamos como fortaleza para poder motivarlos a realizar esa inversión es contar con los egresados que ustedes, en el IEESL, nos están proveyendo”. Por eso creo que el resultado fundamental, es esa cantidad de egresados y el posicionamiento que ellos tienen en el sector agropecuario industrial y la retroalimentación que recibimos de las empresas donde se han estado posicionando sobre su desempeño y su calidad.
JP- Durante este tiempo que has estado como director han existido cambios en infraestructura, en servicios que se brindaban, ¿puedes mencionar los más relevantes?
Carlos- Cuando comenzamos todo estaba circunscrito a una oferta académica que se daba de 8:00 am a 3:00 pm. Entonces, con los tecnólogos separados del bachillerato empezó a haber algo más tarde. Pero los estudiantes han ido recibiendo y han ido teniendo en la Institución múltiples servicios a lo largo del tiempo que han configurado un ambiente universitario, servicios de cafetería en horarios de tarde-noche, servicios académicos, el área de Registro, bien entrada la tarde para servir a sus estudiantes, y todo lo que son los servicios auxiliares. La infraestructura se mantuvo en términos físicos por mucho tiempo sin grandes cambios, pero en los últimos años hemos visto cómo la Institución ha gestionado también nuevos espacios de laboratorio.
Para el caso de la parte superior, ha sido muy importante el Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación Loyola, el CIDIl. Ahí se pudieron complementar con bastante fuerza todos los laboratorios de nueva generación con nuevas tecnologías enfocadas específicamente en las carreras que tenemos. Su implementación reconfiguró, vamos a decir, lo que teníamos disponible como espacios de práctica para los estudiantes, y esto viene a fortalecer la formación. Igual que toda una serie de complementos curriculares que se han ido desarrollando. También deseo rescatar el tema del programa de liderazgo binacional que en ese lazo se logró afinar en combinación con Ausjal y que cada cuatrimestre forma un grupo de estudiantes en habilidades claves para convertirse en profesionales con un sello muy particular, ignaciano. También está toda esta parte de la misma emisora que en ese lazo precisamente fue que se aperturó y que ha servido como un medio de difusión al que los estudiantes han tenido acceso. Y no está de más decir todos los programas y actividades especiales que se han desarrollado.
Sabemos que el IEESL es una institución viva donde se realizan seminarios, congresos y capacitaciones diversas. Vamos a decir que eso se fue desarrollando e incrementando en ese lapso de tiempo y eso ha venido a contribuir a una formación más sólida para los estudiantes nuestros.
JP- ¿Cuáles fueron las situaciones más desafiantes de tu gestión y cómo las pudiste sortear?
Carlos - Yo creo que fue el momento de la pandemia se combinaron muchas cosas. Para el 2020 el Loyola estaba inmerso en un proceso de transformación denominado Refundación. También, como parte de ello, había iniciado un proceso de despliegue con el desarrollo de una nueva plataforma de gestión a nivel académico y administrativo.
Se estaban diseñando nuevos programas de tecnólogos para poder obtener la aprobación y su puesta en marcha. Y llegó la pandemia con todos esos procesos abiertos, además estaba el rediseño por competencias por parte del Ministerio de Educación Superior y el Ministerio aperturó, en 2019, el ciclo de un quinquenio evaluativo. Es decir, ahí hubo un desafío. También en 2019 inicié mi doctorado.
Para el año 2020 estaba en el medio de todo ese mar donde había muchos frentes abiertos. Creo que cuando hay situaciones difíciles uno tiene que conservar la calma y actuar lo más mesurado posible, hacer un plan y salir adelante. Gracias a Dios contábamos y contamos con un equipo importante. La Institución siempre ha tenido personas valiosas en las que nos apoyamos en cada desafío.
Aún hoy recuerdo que cuando se anunció el cierre por la pandemia un tema fue ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo vamos a continuar? Porque todo lo que se entendía pronosticaba que ese era un tiempo que no iba a ser tan corto. Y ahí pudimos, con un equipo importante de la Institución, comenzar un proceso de formación rápida y de adaptación para utilizar las tecnologías que estaban disponibles y que eran más fáciles de adoptar por los docentes para darle continuidad a la formación. Y así fue.
Pero salimos adelante con todo. Logramos afianzar el proceso de transformación tecnológica de la Institución, sacamos adelante los diseños que se hicieron de los tecnólogos que se aprobaron en el último Consejo de Educación Superior del período gubernamental 2016-2020, en agosto del 2020, y con esa aprobación pudimos comenzar en enero de 2021 a ofrecer los seis tecnólogos que tenemos actualmente. Hasta mi doctorado salió a flote. Vencimos el proceso, la evaluación quinquenal pudimos completarla dentro de los plazos, tanto la autoevaluación como la parte del plan de mejora, y obtener buena retroalimentación de los evaluadores del Ministerio de Educación Superior.
Estos procesos desafiantes tuvieron como claves para sortearlos principalmente dos cosas. Primero, conservar la calma, y segundo, poder articular con el equipo, con todos los compañeros que están alrededor, las acciones para lograr salir adelante.
JP- ¿Qué estrategias han fortalecido la calidad docente y estudiantil en el contexto que ocupaste la dirección de la facultad de ingeniería del IEESL?
Carlos- Para quien que es de Loyola y está de verdad en las dinámicas del IPL, es un tema que se facilita porque sabemos que la educación jesuita es una educación que tiene prácticamente cinco siglos. Es uno de los sistemas educativos más antiguos que existe, y por tanto, como decía, tú diriges sobre una plataforma bien fuerte. Cuando llegué acá, tanto Marino Brito, como el profesor Freddy García, que son pilares en el desarrollo de la Institución, desde su concepción a nivel superior, o la reclasificación como instituto especializado, nos decíamos: “queremos que la misma experiencia metodológica que en ese momento – en más de 50 años del IPL – podamos continuarla en la parte del IEESL con su programa de ingeniería".
Desde el principio nos vimos como una institución viva, dinámica, no centrada en el aula, con comunidades tratando de desarrollar múltiples actividades y acciones que complementarán la formación, vinculando múltiples personas con experiencias diversas para que pudieran ser puntos de vista diversos al de los estudiantes, y bueno, siempre un enfoque integral como la pedagogía ignaciana plantea, en poder formar a las personas, como personas y como técnicos, en las dos dimensiones. No centradas solamente en la parte dura, sino también en la persona. Eso siempre ha estado como en el horizonte del IEESL y creo que son los elementos que han permitido crear las estrategias oportunas, fortalecer la calidad y mantener la tradición de excelencia de la educación jesuita.
JP- ¿Cómo se ha dado la vinculación con el sector productivo?
Carlos- Loyola ha tenido siempre una distinción tradicional de aportar una formación pertinente enlazada a las necesidades del sector productivo, eso se ha mantenido en el IEESL. En este tiempo, lo que hemos tratado de sumar a esa experiencia es no solamente formar profesionales que sean pertinentes para el sector productivo, sino trabajar en el proceso de formación de la mano con dicho sector. El hecho de tener una oferta superior facilita este paso, porque tú puedes atraer docentes que vienen a una asignatura, en un momento específico, que están en el sector productivo y pueden traer su experiencia constantemente, pero también tienes estudiantes que se van insertando durante su formación, porque hay un ecosistema técnico; hay un grupo de estudiantes que vienen de nuestra escuela secundaria que se posicionan rápidamente en el sector laboral por esa formación, pero también tienes estudiantes que están acá en la parte de Educación Continuada haciendo cursos técnicos y también se van ubicando. Entonces, ese alumnado trae sus experiencias, las problemáticas, están viendo en el sector productivo y la línea ha sido como una debilidad, que es tener un cuerpo de docentes con muchos profesores que trabajan y vienen a una asignatura en un momento específico, y estudiantes también que trabajan, que es una debilidad transformada por el IEESL en una oportunidad.
La fórmula ha sido un acercamiento con esas experiencias y con las empresas donde la mayoría de nuestros docentes están involucrados para trabajar en conjunto durante el proceso. Entonces, tenemos constantemente visitas e intercambios con empresas para conocer cuáles son sus necesidades, cuáles son sus expectativas, hacemos retroalimentación con ellos para que los proyectos que los estudiantes desarrollan estén alineados y respondan a problemáticas que tienen esas empresas.
Todavía falta mucho para llegar, por ejemplo, al nivel de otros países donde la articulación de trabajo, universidad-empresa es bien fuerte, pero considero que hemos avanzado y, como Institución, logrado convertir esa debilidad de alumnos que trabajan, en una oportunidad para precisamente articularnos con el sector productivo.
JP- ¿Cuál ha sido la evolución de la oferta educativa en estos años?
Carlos- Cuando comienza el IEESL había 10 tecnólogos. Pasamos de esa oferta a tener dos ingenierías, inicialmente Ingeniería Industrial e Ingeniería en Redes y Telecomunicaciones, dando respuesta a la parte de mantenimiento industrial que tuvimos, más o menos con la Ingeniería Industrial y de la parte electrónica con la Ingeniería de Telecomunicaciones.
Luego aperturamos una Ingeniería Agroempresarial, respondiendo a la parte agro, y una Ingeniería Eléctrica. Y ya no pudimos en ese lapso de tiempo, 2010-2020, ofrecer tecnólogos por una restricción que tenía la legislación en su momento, que luego cambió y tan pronto cambió, la Institución gestionó y promovió ese cambio. Entonces, presentamos inmediatamente seis ofertas de tecnólogos en 2020, como decía, que fueron aprobadas en agosto de ese año en Mecatrónica, Electricidad Industrial, que es el único tecnólogo que se mantuvo, por lo menos como nombre, de los que cesaron en 2010 a los que regresaron en 2021, Redes de Seguridad Informática, Desarrollo de Software, Alimentos, y el tecnólogo en Diseño y Manufactura.
Con esas seis ofertas de tecnólogos, retomamos y tenemos diez ofertas en lo que se refiere a la Facultad de Ingeniería, porque ya como IEESEL también tuvimos la aprobación en el año 2018 de dos programas de posgrado en habilitación docente, para docentes técnicos en el área de Informática y también en el área de Matemáticas. Esos programas, vamos a decir que están aprobados, pero cesaron, pero también el IEESEL logró su aprobación. Además de una serie de diplomados y cursos que se han ofrecido fundamentalmente en formación docente. Pero en la parte de lo que es la Facultad de Ingeniería, la oferta evolucionó.
JP- ¿Qué aprendizajes puedes compartir de todo este tiempo
Carlos- Hacer una carrera académica es un proceso largo y el más continuo que puede haber. Uno está constantemente formándose, adquiriendo conocimiento porque realmente si pudiéramos, entre comillas, decir qué es lo que se vende, lo que se vende es conocimiento; es decir, una institución académica y las personas que forman parte de ella están en un proceso de vender conocimiento. Por tanto, hay que estar constantemente adquiriendo conocimiento y adaptando, innovando ese conocimiento, y vivimos en un mundo donde el conocimiento está cambiando mucho más rápido que en el pasado. Por eso la Unesco ha planteado en un cónclave sobre educación superior la importancia de que la humanidad vea como un pilar fundamental de su existencia el aprendizaje a lo largo de la vida.
Es decir, estos cambios constantes que se dan y que cada vez son más rápidos implican que las personas tengan la suficiente flexibilidad para poder adaptarse y las competencias, porque también hay que tener competencias para eso, para poder aprender constantemente. Entonces, creo que ese es el aprendizaje fundamental que todo esto me ha dejado. Es decir, uno tiene que estar dispuesto para un aprendizaje continuo y poder ser lo suficientemente abierto para cambiar en el proceso de formación hacia nuevas cosas que se van dando sin cesar en el mundo y que debemos incorporar, y más en una institución de formación tecnológica, porque sabemos que la tecnología hoy en día evoluciona mucho más rápido que lo que el mundo evoluciona.
Entonces, es algo sorprendente y para mí el mayor aprendizaje es que puedo invitar a las personas a que dialoguen consigo mismos sobre ese tema. ¿Los retos del futuro? ¿Qué piensas hacia el futuro de esta institución? Loyola es una institución con bastante pertinencia, porque siempre ha estado enfocada, muy enfocada, y yo creo que cuando uno se enfoca, uno puede dar en el clavo.
Pero todas las instituciones de todos los ámbitos hoy en día están en análisis, porque el mundo ha cambiado, está cambiando prácticamente todo con la inteligencia artificial. Eso implica una nueva forma de ver cómo se forma y para qué se forma. No podemos renunciar a esos cambios tecnológicos, no podemos sustraernos de ellos. Entonces, yo creo que el futuro lo que debe plantear es simplemente estar atento a cómo las cosas van cambiando y adaptarnos.